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lunes, marzo 13, 2006

Capitulo tercero

Martes 30, (12:48 p.m) Por el Orinoco en bongo.

Acabamos de salir de Puerto Samariago navegando en bongos, por definición canoas de madera hechas con el tronco de un solo árbol vaciado, aunque en el que nosotros viajamos es de metal y tiene un pequeño techo para protegernos del sol y de la lluvia.


Navegamos por el rio Samariapo durante unos diez minutos y, desde hace ya un rato navegamos el Orinoco. Es inmenso, marrón oscuro, muy oscuro, como el barro, y en ambas orillas vemos la selva impenetrable. Al menos para nosotros. A la izquierda la orilla venezolana, a la derecha la colombiana.

De vez en cuando vemos pequeños poblados indígenas, a veces incluso, vemos a indígenas que navegan por el gran río en sus pequeños bongos de no mucho más de metro y medio. Nos dirigimos a uno de esos poblados, Raudal del Danto, a 6 horas de navegación. En bongo. Voy a aprovechar para contar lo que hicimos ayer.

Ayer aterrizamos en Puerto Ayacucho justo a la hora de comer. El cambio de temperatura en relación a Caracas es bestial. Si allí nos parecía que la humedad era muy alta,esto es como si lloviese todo el rato pero no pudieses ver la lluvia y ésta tampoco tuviese el efecto refrescante que suele tener sino que se parece más a una sauna de vapor, de esas en las que nunca aguantas más de 5 minutos. Bueno, pues no tanto, pero casi.
Cogimos un autobus para ir hasta el campamento Orinoquia, el que sería nuestro primer campamento en la selva, en la entrada a la selva. Pronto empezamos a sentir la proximidad de la selva más allá del sofocante calor y la humedad, nos acribillaron los mosquitos, a pesar del relec. Tuvimos que pasar varios controles militares porque nuestro campamento está a orillas del Orinoco que divide Venezuela con Colombia, por lo que es una zona conflictiva debido al tráfico de ilegal, sobre todo de gasolina. En Venezuela el litro son 70 bolivares, si un euro son 3000 bolivares, echa cuentas.




Cuando llegamos al campamento todos nos sorprendimos de que estuviese tan bien preparado, tan turístico. Teníamos chozas de barro con camas, protegidas por una mosquitera.

Un comedor dentro de una gran "churuata" y muchas más comidades que no esperábamos.
Por la tarde fuimos a Puerto Ayacucho, visitamos el museo, donde nos hablaron de las principales características de fauna y flora del Amazonas, así como de las tres tribus más importantes: los Yanomami, los Guajiro y los Piaroa. Más tarde fuimos al mercado del pueblo, como no teníamos bolívares a algunos les cambiaron los guías venezolanos y el resto los cambiamos en un sitio de cambio ilegal.

Entonces fuimos a ver que podíamos comprar. Yo compré unos platos de mimbre muy típicos de Venezuela para regalar a mi madre y a mi abuela. También encargué un chinchorro (hamaca) para llevarmela a la vuelta de la expedicion por la selva. Kike también dejó encargados unos platos de madera.
-Sigo escribiendo en el bongo, ¡esto es increíble! Estoy en el pulmón de la tierra y se nota, nunca había visto nada parecido, miles de kilometros de jungla.
Después del mercado regresamos al campamento, cenamos y nos invitaron a unas copas de Cacique 500 cortesía de la expedición Cacique.
Vemos al fondo el cerro Autana, el tepui sagrado de los indígenas. Una roca enorme que sale de la planicie de selva y se eleva cientos de metros en vertical.


Ellos le llaman el "árbol de la vida", porque tiene la forma de un inmenso tronco cortado y, según sus creencias, es el árbol del que nació toda la vida en la tierra. La primera vez que lo oyes puedes pensar que es una creencia un poco irreal, pero si lo piensas bien, ¿Qué es más lógico? nuestra maravillosa historia de Adán, Eva, la manzana, la serpiente, las costillas y demás tonterías o la simple historia de que había un solo árbol gigante lleno de vida, que un día se rompió y al caer esparció la vida por toda la tierra. No sé.

1 comments:

Anónimo dijo...

me alegra volver a leer tus aventuras de nuevo. quiero ir a venezuela!!!!